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29 de noviembre al 7 de diciembre

SALUDO

Lector:  Durante estos nueve días nos reunimos, Señora y Madre, junto a ti para celebrar el misterio de tu Inmaculada Concepción, por el cual Dios triunfó en ti sobre el pecado,

Todos: Y para aprender junto a ti y contigo las enseñanzas que Dios ha querido revelarnos en este misterio. Por eso comenzamos alegrándonos contigo de las grandezas que en ti hizo el Señor.

ALABANZAS  BIBLICAS

L/  Te repetimos, gozosos, realizada ya en ti, la primera profecía de la redención, formulada por el mismo Dios en el Paraíso:

T/  “La descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente”.

L/  Te repetimos, gozosos, cumplida plenamente en ti, la bendición que hizo a Jael el pueblo escogido:

T/  “Bendita tú entre todas las mujeres”.

L/  Te repetimos, gozosos, porque en ti se realizan, las alabanzas que en ensayo y anticipo cantó el pueblo de Israel a Judit:

T/  “Tú eres la gloria de Jerusalén, tú el orgullo de Israel, tú el honor de nuestro pueblo”.

L/  Te repetimos, gozosos, las palabras con que, de parte de Dios, te saludó el arcángel Gabriel al iniciarse en la historia el cumplimiento de las profecías mesiánicas:

T/  “Alégrate María, llena eres de gracia; el Señor está contigo”.

L./  Te repetimos, gozosos, la bienvenida de tu pariente Isabel el día en que la visitaste:

T/  “Bendita tú que has creído y bendito el fruto de tu vientre”.

L/  Te repetimos, gozosos, como suprema alabanza, la que te dedicó tu Hijo ante la muchedumbre:

T/  “Y más bendita por haber escuchado la palabra de Dios y haberla cumplido”

L/  Te repetimos, gozosos, la visión de San Juan en el Apocalipsis, en la que te identifica con la Iglesia de Cristo:

T/  “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna a sus pies y coronada por doce estrellas”.

L/  Te repetimos, gozosos, el viejo saludo de nuestros padres, cantado a lo largo de nuestra historia en toda la geografía de España:

T/  “Ave María Purísima, sin pecado concebida”.

PRECES

L/  Por eso, Señora, nos dirigimos a ti, en quien se ha cumplido la plenitud de la Redención, para que intercedas por nosotros ante tu hijo y te pedimos:

T/  Intercede, Señora, por nosotros.

L/  Para que la sangre de Cristo, que te preservó a ti de pecado, nos limpie a nosotros de nuestras culpas:

T/  Intercede, Señora, por nosotros.

L/  Para que comprendamos que la liberación que nos trae tu Hijo es ante todo y sobre todo liberación de los pecados:

T/  Intercede, Señora, por nosotros.

L/  Para que por encima de los valores temporales y terrestres, busquemos los sobrenaturales y eternos, de los que a ti te colmó tu Hijo:

T/  Intercede, Señora, por nosotros.

L/  Para que la liberación de nuestros pecados nos disponga eficazmente a una entrega generosa a nuestros hermanos, semejante a tu entrega absoluta:

T/  Intercede, Señora, por nosotros.

PETICION, ORACIÓN PERSONAL Y SALVE

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, 
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando 
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, 
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, 
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, 
fruto bendito de tu vientre. 
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

Salve, Regína, mater misericórdiae; 
vita, dulcédo et spes nostra, salve. 
Ad te clamámus, éxsules, fílii Evae. 
Ad te suspirámus, geméntes et flentes 
in hac lacrimárum valle. 
Eia ergo, Advocáta nostra, 
illos tuos misericórdes óculos 
ad nos convérte.

Et Iesum, benedíctum 
fructum ventris túi, 
nobis post hoc exsílium osténde.
O clemens. O pia.
O dulcis Virgo María.

ORACION  FINAL

Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada y, en previsión de su muerte, la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a Ti limpios de todas nuestras culpas.  Por Jesucristo, Nuestro Señor.  Amén